Junio 2014

En un tiempo donde la tecnología está tan presente en nuestros días, es muy común que el mundo de la enología pueda aprovecharse directamente de todas las ventajas que esto conlleva y no es raro ver un buen número de gadgets, aplicaciones y herramientas que permiten desde una mejor cosecha hasta una mejor cata.

Hablando de catas, no hay duda que la boca, especialmente la lengua, es uno de los mejores instrumentos que hay para apreciar todos los matices, buenos o malos, que tiene el vino, por ello, inspirándose en todo su potencial, han inventado un dispositivo muy especial, una lengua electrónica.

lengua electrónica

Lengua electrónica creada por la UPV

¿Cómo funciona la lengua electrónica?

Su funcionamiento es ciertamente parecido al de la lengua humana y permite conocer cuál es el momento ideal para poder retirar las uvas de la vid y comenzar el proceso de elaboración del vino, con lo que siempre se conseguirá una uva en el mejor estado, lo que repercutirá en la calidad del producto final.

Tiene la capacidad de analizar la cantidad de azúcar de la uva así como su nivel de acidez y también su pH, revelando una información vital para producir un buen caldo. Todo eso está muy bien, pero son muchas personas las que dudan del buen hacer de este dispositivo y creen que lo mejor es la experiencia de un cosechador con años de trabajo en este sector.

A pesar de ello no es una idea pionera dado que ya en el año 2012 se desarrolló otro dispositivo que analizaba los líquidos, aunque no tuvo mucho éxito y finalmente no se llegó a producir. Esto demuestra la total profesionalización de este sector, donde siempre se buscan diferentes formas de producir la mejor uva, en qué momento es mejor recolectarla, etc.

De momento habrá que darle el beneficio de la duda a este dispositivo para ver si realmente cumple con lo que asegura realizar y de ser cierto, seguro que se convertiría en un añadido de gran valor, pero prevalecerá la decisión de una persona experta en ello.

El vino tiene una gran aceptación en todo el mundo, incluso en países donde hace no demasiado tiempo apenas se consumía o apenas tenía repercusión. No hay nada como un buen vino para acompañar unas tapas, una comida o una cena, como nuestro Marmallejo tinto crianza. ¿A quién no le gusta ir de tapas y beberse un vino de calidad? En muchos países encontramos esta misma opinión, rincones como Francia, Portugal, Italia o Alemania por ejemplo.

A pesar de ello, ninguno de estos países es el mayor consumidor de vino del mundo. Hay un país donde el vino se bebe por doquier, pero no se acompaña con delicias gastronómicas sino más bien “celestiales”. El lugar del mundo donde más vino se bebe es en el Vaticano, donde la media de consumo se dispara hasta los 74 litros por persona, datos que se desprenden de un estudio llevado a cabo por el Wine Institute of California.

donde más vino se bebe, en el Vaticano

Vino de misa

¿Por qué el vino se bebe tanto en este rincón del mundo?

Hay muchas hipótesis sobre la respuesta a esta pregunta, pero las más claras son que, a pesar de que su población son apenas unos 850 habitantes, el vino es uno de los ingredientes principales en las ceremonias en la iglesia, presente prácticamente en todas y cada una de ellas.

Otra de las razones es porque la población es muy mayor y el vino tiene una gran raigambre, especialmente cuando se realizan comidas en grupo, donde se beben grandes cantidades de vino. A ello hay que sumar la carencia de impuestos, lo que hace que los buenos vinos no sean tan caros como en otros destinos del mundo.

Tras el Vaticano, los países que más vino consumen son Luxemburgo, con 56 litros por persona al año y en tercer lugar está Andorra, con 44 litros de media por persona cada año.

España, primero en el ranking de productores por superficie plantada en la última campaña 2013/2014  y segundo exportador mundial en términos de volumen, se encuentra en el puesto 31, con una media de 31 litros al año. ¿Conocías estos detalles?

La gastronomía está pasando por un buen momento gracias a la buena promoción que está teniendo en los medios de comunicación y cada vez más gente se anima a meterse entre fogones para preparar una buena comida y acompañarla de una botella de buen vino. Pero hay una importancia vital en estos casos, el maridaje de los vinos con la comida; porque no todos los vinos son adecuados para cualquier clase de comida y eso es algo que no podemos evitar tener presente.

El maridaje del vino y su importancia

El vino perfecto para la comida perfecta

Es muy importante desterrar el clásico mito de que el vino tinto es para carnes y el blanco para pescados, una creencia muy arraigada pero que, aunque con cierto punto de razón, es errónea. En la mayoría de casos no es el producto en sí el que determina el consumo de determinado vino, sino la salsa que acompaña a la elaboración. Por ejemplo, los tintos jóvenes, como el Viña Azeniche tinto joven, maridan bien con una buena paella de marisco y algunos blancos a la perfección con carnes de ave como el pavo, pollo o el pato.

¿Cómo hacer un buen maridaje del vino?

No es sencillo conocer a la perfección el buen maridaje del vino y la comida, algo que se va adquiriendo poco a poco con la práctica y con mucha información. Si a ello se le suma un sentido desarrollado del olfato y del gusto, en no demasiado tiempo se aprenderá a reconocer qué vino o vinos son más adecuados con determinada comida, con lo que el éxito de la misma podría estar asegurado.

La experiencia y los errores acaban por determinar muchos detalles como por ejemplo evitar servir una comida ligera con un vino de alto contenido alcohólico, porque éste opacará el sabor de los alimentos y la comida dejaría de tener el sabor que debería. Asimismo tampoco se deben servir vinos blancos o rosados con determinadas elaboraciones dado que éstos suelen tender a resaltar los aspectos salados de la comida.

Son fallos que se cometen más a menudo de lo que se piensa, pero que poco a poco van conformando una base sólida de conocimiento con el que se va aprendiendo la importancia del maridaje del vino en la gastronomía.